domingo, 21 de diciembre de 2014

No hacía ni 24 horas desde que mis oídos te habían oído decir te quiero, pero yo ya lo echaba en falta.
Era tan plena la sensación de tenerte cerca que sentía que faltaba algo. 
Tiempo pensé.
Pero de eso nos faltaba siempre.

La quimera del sin sentido se alimentaba de segundos.
La frustración por el no saber acrecentaba las llamas de la frustración.
La añoranza encogía mi ser y lo llenaba de tristeza por no tenerte físicamente a todas horas.
Y en el interior de toda la espiral de confusión en la que me encontraba sentía felicidad. Felicidad por saber que pensabas en mi antes de acostarte como yo recordaba tus manos agarradas a las mías cada mañana al despertar.

A menudo hablando nos solemos preguntar ¿por qué conocer a una persona con la que estaría dispuesta a pasar el resto de mi vida cuando tengo toda ésta por delante?
No podemos hacer nada ante eso. 
Las cosas vendrán como deban hacerlo y no las podre modificar a mi antojo, por desgracia.





Es cuestión de días que bajo el techo en el que vivo se concentren un gran número de personas para celebrar la navidad. 
Me gusta el ambiente navideño que se respira cuando sales a la calle, ver cada balcón lleno de guirnaldas, y ver todo adornado acorde con esta celebración. Pero las comidas y cenas navideñas no me han entusiasmado nunca y según he ido creciendo los motivos del desagrado por estos ''rituales'' han dio variando.
Pero bueno son cosas a las que uno al final se acostumbra.


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