lunes, 5 de enero de 2015

Otra vez en casa.
Las vacaciones habían sido geniales.
Los primeros días he de reconocer que me aburrí. El los conocí a todo y hacía mucho que no los veía y entendí que no me prestase mucha atención.
Me sentía incomoda y para colmo hablaban en una lengua de la cual yo no entendía nada.

Los siguientes días fueron mejor, como siempre me tuve que presenta  yo por mi misma ya que el actuaba como si yo ya los conociera.

La cosa iba mejorando, yo me lo estaba empezando a pasar bien.

Se les ocurrió la genial idea de subir a la cima de un monte nevado que había no muy lejos del pueblo.
No es que no me gustase la experiencia, de hecho solía pensar en que se debería de sentir al alcanzar a cima de una montaña, esa sensación de libertad y de estar lejos de todo sonaba bien, pero yo después de años de gimnasia rítmica no tenia los pies para tanto trote.
Estaba dolorida a más no poder y tan solo habíamos estado andando media hora y para alcanzar la cima todavía quedaba otra media. Me quería morir. No estaba en absoluto cansada pero mi cuerpo no daba más de sí.
Bendito el momento en que bajamos de allí.

Después llegó noche vieja, tenía unas ganas enormes de fiesta y de salir por ahí pero aquello era un pueblo y no sabía que se tenía allí como fiesta.
Se suponía que habíamos quedado con un amigo para salir y cuando ya estábamos sentados en sofá del salón viendo la tele esperando para salir no dijo que esperásemos más que estaba a gusto en casa con la familia. En ese momento pensé: de fiesta nada, menuda noche más aburrida vamos a pasar.
Por suerte y sorpresa después no fue así.
Habían unos pequeños locales repartidos por el pueblo en los cuales se ponía música y se servían copas. Estaban muy bien, ojalá aquí hubiesen sitios así.

Empecé a coger confianza con las chicas, especialmente con Fátima.
Bailamos todo lo que quisimos y más, nos contamos nuestras cosas, bebimos todo lo que pillamos... me lo pasé muy bien, hacia tiempo que no me divertía tanto.

La mañana siguiente no fue tan divertida. Me sentía como si un ejercido me hubiese apaleado.
Mi estómago era un campo de batalla. Y a lo largo del día (del que solo me moví para ir de la cama al sofá y del sofá a la cama) acabe devolviendo más de dos veces lo que había bebido la noche anterior.
Pero mereció la pena.

Recuerdo que un día fuimos también a una montaña para ver la nieve más de cerca. Era precioso me enamoré.

Hubo otro en que fuimos a San Sebastián. Es muy bonito, andamos por toda a playa, vi el ayuntamiento, las calles, la gente...
Fuimos a comer a un wok, todo estaba buenísimo.
Habían unas casas rusticas preciosas.
Recuerdo que al intentar ir de vuelta a casa uno de los coches no arrancaba, las luces se habían quedado encendidas y la batería había muerto. Fue gracioso vino la policía a ayudarnos... jajajaj

Los días iban pasando y ahora que empezaba a gustarme se acercaba la hora de irse, no quería.

Al fin llegó el último día, por la mañana fuimos a ver un partido de fútbol sala, por la tarde estuvimos jugando a raqueta (se me da fatal ese juego pero resultaba entretenido) y después por la noche habíamos quedado en hacer una cena de despedida. La cena estuvo genial, hablamos de todo un poco.. aun que la conversación acabo siendo una conversación picante.
Me encanto. Me reí mucho.

Y ya era hora de coger un autobús que una semana antes nos había traído.
Han sido unas muy buenas vacaciones, lejos de todo y de todos, con cosas nuevas.

Y ahora toca volver a la rutina.