martes, 23 de diciembre de 2014

Ni la peor de sus palizas se acerca a rozar el dolor que siento cuando te escucho llorar.

Estaba realmente confundida.
Primero quería que le llamase.
Le digo que se espere a que acabe de hacer un par de cosas.
Y para cuando las acabo ya no quiere y no puede o no sé que pasa.
La primera reacción ha sido preocuparme. ¿le habría pasado algo en casa o estaba de mal humor y no quería hablar por no pagarla conmigo o porque no tenía ganas?
Después pienso bueno vale no le diré nada, así que le pregunto que qué hace y su respuesta es aquí y tu?
Sorprendida y sin decirle nada más le respondo, aquí en la cama.
Y pensando en si le pasará algo o yo me estoy montando una buena película de ciencia ficción espero una respuesta.
Y solo recibo un bien pues...
Me pide que le cuente algo... y entonces es cuando decido preguntarle sobre ese cambio de opinión.
Y sin saber por qué con el corazón en un puño agarro fuertemente el teléfono con la vista fija en la pantalla esperando que me responda.
Entonces lo descubro.
No era una película creada por mi imaginación, el estaba mal, y eso me partía en mil pedazos.
Ayer fui yo la que no estaba de ánimo y el me llamó, y me animó, así que decido llamarle.
Ni el sabia que le pasaba.
Le estaba intentando animar pero la verdad es que no servia de mucho.
No hacía mucho rato se había enfadado con un amigo suyo, creía que ese había sido el motivo por el que había dejado de estar de humor.
¿Y qué era eso de que por llevarme muchas cosas se podían enfadar, si nos íbamos desde el día 27 hasta el 4 no podía llevarme solo una mochila igual yo era una exagerada pero solo con lo que cabía en una mochila no pasaba todos esos días.
Bueno había dejado el tema apartado.

La conversación era imposible de describir de forma que se pudiese entender.
Pero en definitiva el foco del problema venia por cómo se sentía con el mismo.
No se gustaba físicamente, ni psicológica mente.
El podía cambiar todo eso. El podía levantarse un día y decir hasta aquí he llegado.
Yo lo apoyo y lo apoyaré en todo si es para sentirse bien con uno mismo.
Me duele ver como su cabeza no deja de pensarlo y como se auto destruye sin dejar que nadie lo ayude.
Es cierto que yo no puedo cambiar ninguno de esos aspectos con los que el no se siente cómodo, pero si pudo animarle y darle a entender que en mi va a encontrar a una persona que lo va a animar y ayudar en todo lo que este en su mano. Y no porque sea su novia sino porque pienso que todas las personas tenemos el derecho a estar bien con nosotros.
Es una buena persona, muy buena de eso no me cabe duda, sufro realmente viendo como no escucha, viendo que es igual de cabezota que ello.
Eso me lleva a pensar en que el no se da por vencido cuando quiere que yo me sienta feliz, una persona así lo mínimo que se merece es que se la trate de forma equitativa.
El si quiere puede, es mucho más fuerte de lo que el piensa.
Si es cierto que no le tiene miedo a nada a qué espera para cambiar las cosas.

¿Tiene miedo a ser feliz?
Si te lo mereces, sabes? Más que muchas personas que lo son.
Tu también estás roto en muchos sentidos.
A ver si te enteras, NO ESTÁS SOLO.
Tienes a tu lado alguien que te quiere como no ha querido a nadie y que está dispuesta a hacerte feliz, aún que sea a su costa (no me importa).
Quiero dejar de ver lágrimas en tus ojos cuyo motivo de origen haya sido el que hoy hemos hablado.
No te pongas máscara, sé tu.
Entra en razón.
Siempre te he dicho que no quiero jamás que cambies por mi, pero quiero que cambies por ti.

Y se fue a dormir, entre llantos.
Puse el móvil a cargar, apagué la luz y antes de cerrar los ojos dije en voz alta: -yo siempre voy a estar para ti, vales tu peso en oro y no mereces lo que te haces, te quiero.
Cerré los ojos.
Me dormí (con el corazón en un puño y preocupada por saber que estaría pasando por su cabeza...)


domingo, 21 de diciembre de 2014

Resulta tan sencillo decir, escribir lo que se piensa en lugar de decirlo.
A menudo cuando hablamos, y generalizo porque dudo que sea la única que peque de esto, solemos soltar las palabras sin enviarlas al cerebro para que sean procesadas.

A lo largo de los años, y ésta cuenta empieza desde que realmente se tiene uso de razón sobre lo que decimos y/o hacemos, he dicho cosas que no pensaba y he pensado cosas que no he dicho.

He hablado sin pensar porque las emociones han hecho de mi lo que han querido y al igual que he herido me han herido pagándome con la misma moneda o de vez en cuando con el billete completo.

He pensado antes de hablar porque no quería herir a personas que no se lo merecían o porque simplemente en muchas ocasiones me sienta mal hacer sentir mal a alguien.

Y no es solo el pensar algo y querer decirlo pero callar por no herir a alguien, es no querer hacer algo pero que otra persona si quiera y hacerlo, solo con ciertas personas, por hacerlas felices y que estén a gusto. Me gustaría que alguna vez alguien pensase eso cuando está conmigo.

Decir tantas cosas para acabar pensando solo en una, tu.
0:00
Adiós ayer, hola hoy.

Me acabo de dar cuenta de que siento una completa dependencia hacia mi teléfono, y no por visitar instagram o facebook sino por necesidad de decirte un te quiero o saber que haces o como estas.

Me acabo de dar cuenta de que siento una completa dependencia hacia ti.

Realmente no sé si es algo bueno o malo, simplemente está ahí.

Y es que con el paso de los días una se da cuenta de tantas cosas, y pasa de alto tantas otras...



No falta mucho para que demos la bienvenida a un nuevo año, otro más.

He tenido la sensación de que el tiempo se me ha escapado entre los dedos. No he hecho todo lo que me habría gustado hacer, pero también he hecho cosas que no esperaba hacer, y al final han resultado estar bastante bien.

Ha sido un buen año... con completa sinceridad ha sido de los mejores... 
Ha habido de todo un poco. 
Han faltado fiestas y más tiempo con los amigos, he de reconocer que los he dejado de lado.
Por lo demás ha sido muy completo.

¿Si tengo algún propósito para año nuevo?
Si.
Me gustaría empezar a fijarme más en las cosas, dejar de ser tan despistada, hacer más caso a los amigos, sacarme el carnet de conducir, hacer del próximo verano el mejor de todos, conocer gente nuevo, dejar de comer tanto chocolate, etc.. hay tantas cosas que quisiera hacer, unas más sencillas que otras pero ninguna imposible.
Una de las cosas que más me gustaría sería mandar con viento fresco a viejas sensaciones que mñas de una vez me impiden hacer algo.

Siempre me he dicho que no era tan fácil, que quería dejarlo pasar...
Alguien me dijo que no se debía de dejar pasar, eso era como huir de los problemas. Yo no quiero eso. Pero de lo que quiero o digo que quiero hacer a la realidad que es lo que hago hay un gran abismo. Supongo que ya va siendo hora de construir el puente para cruzar.

En fin... por pedir que no sea.

Doy por concluido el año...
Lo único que siento, y no se por qué, es que han faltado cosas por decir...



No hacía ni 24 horas desde que mis oídos te habían oído decir te quiero, pero yo ya lo echaba en falta.
Era tan plena la sensación de tenerte cerca que sentía que faltaba algo. 
Tiempo pensé.
Pero de eso nos faltaba siempre.

La quimera del sin sentido se alimentaba de segundos.
La frustración por el no saber acrecentaba las llamas de la frustración.
La añoranza encogía mi ser y lo llenaba de tristeza por no tenerte físicamente a todas horas.
Y en el interior de toda la espiral de confusión en la que me encontraba sentía felicidad. Felicidad por saber que pensabas en mi antes de acostarte como yo recordaba tus manos agarradas a las mías cada mañana al despertar.

A menudo hablando nos solemos preguntar ¿por qué conocer a una persona con la que estaría dispuesta a pasar el resto de mi vida cuando tengo toda ésta por delante?
No podemos hacer nada ante eso. 
Las cosas vendrán como deban hacerlo y no las podre modificar a mi antojo, por desgracia.





Es cuestión de días que bajo el techo en el que vivo se concentren un gran número de personas para celebrar la navidad. 
Me gusta el ambiente navideño que se respira cuando sales a la calle, ver cada balcón lleno de guirnaldas, y ver todo adornado acorde con esta celebración. Pero las comidas y cenas navideñas no me han entusiasmado nunca y según he ido creciendo los motivos del desagrado por estos ''rituales'' han dio variando.
Pero bueno son cosas a las que uno al final se acostumbra.


Una vez abrí los ojos pensé que no prometía ser un día entretenido. En cierto modo no me importaba, lo cual significaba que ayer había pasado y el mañana estaba más cerca, y con cada mañana más cerca la recompensa por todo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Siete días con largas noches. 
Noches de esas en las que una vez te has acomodado definitivamente, en la que lleva siendo tu cama desde que tienes memoria, te giras a un lado y piensas en no pensar, pero fracasas y tu cabeza deja de ser un lugar de paz para convertirse en un campo de batalla en el que se disponen a enzarzarse en una gran trifulca, que parecerá interminable hasta que caigas rendido bajo el perseverante cansancio, entre tus pensamientos y tus sentimientos (mente vs corazón).

Y es que..en esos momentos ¿a quien o a qué se supone que se ha de hacer caso?

Me invaden las sensaciones: el miedo, la nostalgia, la alegría, la pena, el dolor, el placer, etc.
Unas tal y como vienen se van, esas suelen ser las buenas. Por sistema y lo queramos o no nuestro cerebro tiende a recordar los malos momentos: esos que nos hicieron infelices, que nos hirieron, que de alguna forma, más o menos determinante, cambiaron algo en nosotros, esas son las sensaciones y los recuerdos que con más frecuencia suelen rondar nuestra mente.

Te giras hacia el otro lado, tiras de la sábana y tan solo dejas descubierta la cabeza.

¿En qué piensas? Poseemos la capacidad de pensar en diferentes cosas simultáneamente pero jamás en todas en general... y aún que así fuese siempre habrá una preocupación predominante encargada de hacer sentir que tienes el corazón en un puño y que no hay nada que puedas hacer para que cese.

Desesperada y como última opción busco la comodidad mientras dirijo la mirada hacia el techo.

No doy más de mi, y pienso..¿será porque no puedo o porque no quiero?¿me he cansado?
definitivamente, estaba exhausta.

Empezaba a pensar que me había estado engañando, ¿si tan cansada estaba por que no podía evadirme de los pensamientos y descansar?
¿insomnio?
Y no lo era... solo trataba de ordenar mis sombras. 

Las personas cambian, pero jamás por ellas mismas, necesitan un empujón. Uno mismo siempre creerá, verá con buenos ojos, y defenderá su pensamiento por encima de todo si no hay nadie que le discuta o le de motivos que inviten al pensamiento.
Está claro que hay personas y personas, y es bien sabido pues que hay casos y casos...

Cambiamos nosotros pero porque el entono que nos rodea en cierto modo nos obliga a ello, de no hacerlo dudo que las consecuencias de intentar convivir con alguna persona fuesen precisamente buenas.
Pongamos por ejemplo el caso de la selección natural; los organismos que no consiguen evolucionar y adaptarse a la presión de selección del nuevo entorno o ecosistema no consigue sobrevivir.

Es lógico el pensar ¿Para qué cambiar si yo solo estoy bien?
Cuantas veces lo he pensado... y cuantas me he equivocado..
Solos con nuestra soledad. No es algo factible.
No es que no queramos, Es el hecho de que no podemos vivir sin tener a alguien cerca. Lo creamos o no.

Todo eso en una sola noche. Iba a ser muy larga...

No temo a la soledad y no me importaría vivir con ella, eso si, si no hubiese conocido la compañía. No puedes echar en falta algo que no has tenido nunca. El gran fallo era que lo había tenido, de forma especial,y dejó de estar.
Y cuando después de volver a convivir con ''nadie'' y de sentir la necesidad de esa compañía... se llena ese vacío, un escalofrío recorre cada centímetro de mi cuerpo pone en alerta el escudo que ésta vez me protegerá. 
Más tarde, con el paso del tiempo, meses para ser más específica, caes en la cuenta de que la barrera que mantienes firmemente por temor al dolor entre tu y el vacío ahora lleno no sirve de nada, causa el efecto contrario.
Lo retiras y dejas que se acerque a ti, que te lea, aún que tampoco lo das todo hecho y no lo pones precisamente fácil...
Dejas de oponer resistencia alguna, quieres que te vea y quieres ver. Y de forma inconsciente te anclas firmemente a alguien que no sabes cuanto tiempo seguirá junto a ti. Te aferras de forma que si cae ambos seáis arrastrados allá donde quieras que valláis. Pero no te importa mientras sea con ese alguien.

Difícil de explicar, fácil de sentir.
Y ya es castigo suficiente querer disfrutar del día a día, con la incertidumbre de saber que puede que mañana te haga llorar lo que hoy te da motivos para levantarte.
Y pienso cuando digo: -Me tengo que ir.
Que espere el tiempo, 
Que locura... asesinar la felicidad presente para salvar una felicidad futura, que nadie me asegura que llegue.

Siento cansados los párpados, soy incapaz de mantenerme despierta. Pero no quiero dormirme ahora que las desenfocadas ideas empiezan a verse con más claridad.

La curiosidad mató al gato, dicen.
Yo pienso que puede reprimir la curiosidad pero un día u otro habrá de morir... el tiempo pasa para todos. Otra cosa es cómo, cuándo, dónde y con quien decide morir.

Al final el cansancio venció.